Esta es la historia de cómo un multinivel de trading me dejó en ceros, y de por qué esa misma noche decidí no rendirme.
La noche del viernes
Era viernes por la noche. Acababa de volver de renunciar ante mi “líder” y estaba tirado en el suelo de mi cuarto, mirando el techo y, por la ventana, las estrellas.
Me sentía sofocado. Tenía un nudo en la garganta, náuseas y un apretón en el pecho que no me dejaba respirar. ¡Angustia pura!
Me había quedado en ceros. Sin dinero y sin rumbo.
La cabeza no paraba: todo lo que había perdido, por qué lo había perdido, cómo se empieza de nuevo cuando no te queda nada, cómo se enfrenta la vergüenza. No eran ideas claras, eran pensamientos sueltos, uno encima del otro.
Y entre todo ese desorden, una sola pregunta se repetía:
¿Qué hago ahora?
Cómo empezó todo
Todo empezó después de la pandemia. Cuando por fin pudimos salir, me reuní con unos amigos en la casa de uno de ellos. Muchos negocios habían quebrado, el encierro se había comido los ahorros de casi todos y varios habíamos perdido el trabajo, yo incluido. Entre conversación y conversación salió la pregunta: ¿qué negocio podríamos empezar?
Al día siguiente, de vuelta en casa, me puse a buscar formas de ganar dinero por internet. Probé todo lo que había en esa época: encuestas, ver anuncios, ver videos. Todo me absorbía el tiempo, la paga era ridícula para el esfuerzo y no había forma de escalarlo.
Entre todas esas opciones estaba el trading. Sabía que era lo más difícil, pero también lo más rentable y escalable. Y en mi cabeza, era la forma más fácil de ganar mucho dinero.
Aun así, no me lo tomé en serio. Veía videos de vez en cuando, como pasatiempo. No arriesgaba nada.
Eso cambió un día cualquiera. Estaba en una plaza esperando a mi novia cuando una chica algo extraña se me acercó y empezó un discurso de ventas en frío. Se le notaba la falta de experiencia, pero dijo algo que me enganchó: ganar dinero aprendiendo inglés. Necesitaba dinero, y aprender inglés me venía bien, así que le dije que me interesaba.
Me agendó una reunión por Zoom para presentarme “el negocio”. Y en esa reunión dijo la palabra: ¡trading!
Por dentro grité: ¡sí, aquí es! Por fin iba a aprender en serio, con personas que sabían.
¡Pobre iluso!
El multinivel
Entré el 5 de octubre de 2022. Había paquetes de varios precios; yo elegí el más básico, de $500, y cada mes tenía que pagar unos $40 para reactivar la plataforma. Con ese pago ya era “socio”.
¿Qué incluía? Una plataforma con tiendas para comprar energizantes, bebidas y ropa, mucho más caros que en cualquier supermercado. Una plataforma de inglés. Y la que a mí me importaba: una de trading, con un curso grabado, clases en línea y señales.
El primer día, al terminar de inscribirme, me tomé una foto con las chicas que me habían inscrito. Entonces una de ellas me dijo: “Bueno, saca tu libro y hagamos una lista de tus contactos”.
Me quedé pensando: ¿qué tiene que ver esto con el trading? Pero me dejé llevar.
Ahí empezó la presión: llamar a mis contactos. No tenía muchos, así que les pedía contactos a mis amigos. ¡Nunca era suficiente! Ellos se empezaron a molestar y yo a sentirme incómodo. Al final dejé de buscarlos, y dejamos de hablarnos.
Mientras tanto, casi no le dediqué tiempo al trading. El negocio no era enseñarme a operar; era que trajera gente.
En total perdí $2.000: los $500 del paquete, otros $500 entre señales y reactivaciones, y $1.000 operando. Cómo perdí esos $1.000 operando, y lo que pasó con las señales, merece su propio artículo.
El día que renuncié llovía y yo estaba enfermo. El grupo solía reunirse en lugares públicos de Cuenca, casi siempre en el Milenio Plaza o en algún Café Valdez, pero esa vez fue en el Mall del Río. Para mí fue un viaje larguísimo, con gripe y frío, pensando todo el camino qué iba a decir para salir de ahí.
Cuando llegué, traté de explicarle a mi líder que esto no estaba funcionando. Los demás hacían como que estaban en lo suyo, pero no perdían detalle. Le dije que yo buscaba hacer trading, no redes. Que no quería seguir molestando a la gente. Que me había quedado sin amigos y sin dinero.
¡Era tan terca que fue imposible!
Al final me paré y me fui.
Lo que perdí
En mi imaginación, iba a ganar mucho dinero. Era hábil en muchas cosas y pensé que el trading no sería la excepción. Me confié demasiado.
Estudiar varios años más para luego trabajar ocho horas al día, cinco días a la semana, no era lo que quería. Y el trading se vendía justo como lo contrario: libertad, un negocio flexible, ser dueño de tu tiempo. Frente a ser un empleado más del sistema, la idea era demasiado atractiva. Dejé la universidad.
¡Fatal decisión!
Con mi pareja, las cosas se fueron derrumbando de a poco. Yo intentaba hacer funcionar la red, aunque me resultaba incomodísimo llamar a la gente para venderle una “oportunidad” en la que yo mismo no creía. Había entrado por el trading y terminé haciendo llamadas. Con el trading hice lo que pude: tres clases vistas y pura fe ciega.
Mientras tanto, salir con ella se volvió incómodo. Había días en que tenía cinco dólares en la billetera y no podía invitarla ni a comer algo. Siempre andaba con lo justo. Eso no se sostuvo por mucho tiempo.
Así me quedé: sin amigos, sin dinero, sin carrera. Pero con la fe ciega de que el trading me iba a cambiar la vida.
Y aun así, lo que más me dolió no fue nada de eso. Fue la vergüenza. Le había dicho a todos que iba a ganar mucho dinero, que dejaba la universidad para dedicarme a esto. Y cada vez que alguien me veía, llegaba la pregunta:
—¿Y cómo te fue?
Y yo no sabía qué decir.
El dinero se recupera. Lo que cuesta es mirar a la cara a la gente a la que le prometiste en voz alta algo que no pudiste cumplir.
¡Quemar las naves!
Esa noche, cuando ya no me quedaban lágrimas y tenía los ojos hinchados, empecé a pensar.
Lo que había querido hacer no era nada fácil. Y si costaba tanto, era porque valía la pena.
Desde el fondo de ese abismo oscuro me surgió una frase: ¡Quemar las naves! Ya no había vuelta atrás. Ya no tenía nada que perder. Estaba decidido, y mi voluntad se había reafirmado.
Me pregunté: ¿cómo sería mi vida si hago del trading mi realidad?
Puse videos de traders rentables, de cómo vivían. La mayoría no tenía carros de lujo. Lo que tenían era otra cosa: libertad para manejar su tiempo, trabajar unas pocas horas al día y hacer lo que quisieran el resto. Eso me reconfortó tanto que estuve dispuesto a soportar cualquier cosa.
Me quedé dormido viendo esos videos. Al día siguiente me puse a buscar un profesor.
No tenía idea de que apenas estaba en la puerta del infierno.
Si estás pensando en entrar a un multinivel
Si hoy estás pensando en entrar a un multinivel para aprender trading, te digo lo que me habría gustado escuchar a mí: si quieres aprender trading, ¡aprende trading! Un negocio que el primer día te pide tu lista de contactos no te está enseñando a operar. Te está usando para crecer.
Yo pagué con dinero, amistades, una carrera y una relación para entenderlo. Tú no tienes por qué pagar lo mismo.
Lo que vino después, las criptomonedas, los cursos, miles de dólares más perdidos y los años intentando vivir de esto, es otra historia. Te la cuento en el próximo artículo.